Flavia Lugo de Marichal tiene 90 años y 54 cartas de amor que le dejó su esposo, el pintor y escritor Carlos Marichal, antes de fallecer. Estas cartas acompañaron a la escritora, actriz y profesora a través de su trayectoria profesional, la cual la llevó a convertirse en una de las figuras más emblemáticas de la cultura puertorriqueña en las últimas seis décadas.

El norte de la escritora y educadora siempre ha sido promover en los niños y jóvenes puertorriqueños el fortalecimiento de los valores, su imaginación y acercarlos al arte. Como promotora de la cultura incansablemente impulsó la creatividad en los que la rodeaban, comenzando por su familia. “Recuerdo que mis nenes tenían un teatrito. Mi marido les hacía los muñecos y yo les hacía los trajes, escribía las historias y ellos hacían el escenario con sábanas”, contó Lugo de Marichal la experiencia de cómo junto a su esposo incentivó entre sus seis hijos el amor por el teatro y los cuentos.

Su obra más celebrada Mi amigo duende escrita en el 1952, se presentó en los 78 municipios de la Isla y también en los Estados Unidos. Hace cinco años pudo presenciar en Nueva York la adaptación musical en inglés de la misma para lo que dijo sentirse “emocionada y agradecida”. Lugo de Marichal se destacó también en otros campos; se formó como actriz de teatro y luego de cine. Hizo su debut en el filme de Amílcar Tirado, El Puente, durante la década de los cincuenta.

Inicios como actriz en el Colegio Las Madres

Sin embargo, Lugo de Marichal no siempre supo que quería ser actriz. Cuando tenía 17 años empezó en el Colegio las Madres, lo que hoy es la Universidad del Sagrado Corazón, y rápidamente incursionó en el club dramático fundado por la Madre Guevara, hermana del colegio.  “La madre Guevara era una humanista tremenda y ella quería que nos acercáramos a muchas cosas. Había un “Glee club” para las que cantaban bien y un club dramático”, explicó la escritora. Allí fue que dio sus primeros pasos como actriz. Sin embargo, según cuenta la artista, los hombres no estaban permitidos allí ni de visita. Por lo que las actrices más altas y con voces fuertes tenían que esmerarse por convencer al público de que eran hombres. “Fue terrible esa experiencia porque yo tenía una melena hasta acá (señalando sus hombros) y teníamos que hacernos unos “ringlets” en el pelo y con brillantina pegarlos todos. Nos poníamos toallas en el pecho para quitarnos las formas femeninas”, contó entre risas Lugo de Marichal, quien tuvo que hasta aprender a fumar para dar la talla de un hombre enamorado. “Me mareaba. Nunca había cogido un cigarrillo y en el colegio estaba prohibido fumar”, añadió.

No fue hasta su cuarto año que hizo por primera vez el papel de una mujer en la obra de Manuel Tamayo y Baus, Locura de amor. La Madre Guevara se dio cuenta que Lugo de Marichal tenía un amor particular por el teatro y un talento del cual podría forjar su profesión. “‘Antes de irte tienes que hacer una obra de mujer’, me dijo, y ella misma escogió la obra para que yo hiciera el papel de Juana la Loca”, recordó la actriz. Esta obra la dirigió el dramaturgo Emilio S. Belaval quien era “como un padre” para Lugo de Marichal y según ella, gracias a él pudo hacer un buen papel y recibir una crítica en el periódico. “La Madre Guevara me dijo, ‘hijita, te voy a enseñar algo, pero no quiero que se te suban los humos’. Cuando vi el periódico decía, Flavia Lugo triunfa en actuación de Juana La Loca”, contó Lugo de Marichal del primer momento que verdaderamente se sintió actriz.  “Cualquier papel es maravilloso si uno lo hace bien, por más pequeño que sea. Lo que hay son actores pequeños que se creen muy grandes”, opinó acerca de tener que actuar como hombre. “Hay que empezar desde abajo y seguir directrices, pues el querer ser un actor grande desde el comienzo no te permitirá hacer las cosas bien”, aconsejó a los futuros actores del País.

 Cuentista por naturaleza en WIPR

Más adelante, cuando ya se había convertido en actriz, le ofrecen un trabajo diferente. “Me llaman para darme un puesto y cuando llego el director me dice que voy a escribir cuentos, uno diario y que tenía que ir al aire todos los días”, recordó la guionista sobre el trabajo que tuvo durante varios años en un programa infantil de WIPR.  Sintió mucha preocupación cuando accedió a esta oportunidad, pues para ese entonces no tenía niños ni escribía cuentos. Sin embargo, contó que su papá les hacía cuentos a ella y a su hermana todo el tiempo, por lo tanto, su mente creció llena de historias. Allí aprendió a escribir en maquinilla, aunque lo hacía muy lento y con solo dos dedos. Su compañero de trabajo y amigo, el escritor Abelardo Díaz Alfaro, le decía la gallina picando maíz, por su modo de presionar las teclas.  A los tres meses el apodo cambió a el rayo de la maquinilla, pues había desarrollado una rapidez increíble y mucha seguridad para escribir cuentos. “Yo escribí todos los días durante tres años y de cualquier cosa. Llegó el momento que yo podía ver una hoja seca en el suelo y podía sacar una historia de eso”, explicó la cuentista.  “Abelardo Díaz Alfaro decía que yo era la única persona en Puerto Rico que vivía del cuento”, recordó Lugo de Marichal.

El director de programación, el dramaturgo Francisco Arriví, también le dio la oportunidad a Lugo de Marichal para que trabajara de actriz en el micrófono de la radio. Más adelántate, también actuó en varias de sus obras en el Teatro Alejandro Tapia y Rivera.

Cuando nació su primera hija renunció y le dieron una carta que decía en el momento que usted quiera volver puede volver. “Hasta hoy la conservo, porque me recuerda de eso que hice en aquel momento en mi vida para lo que no me había preparado”, explicó la escritora.

Un amor que empezó mal, pero nunca terminó

Por otro lado, mientras la actriz continuaba en crecimiento como guionista y cuentista, un acontecimiento muy importante para la vida de Lugo de Marichal estaba por ocurrir. “Cuando fui a hacer mi maestría me matriculé en un curso de técnica teatral que daba un profesor español que recién había llegado como visitante. Ese fue mi marido”, contó Lugo de Marichal entre risas. La actriz tenía un novio hace cinco años el cual dejó cuando se dio cuenta que se había enamorado de otro hombre, Carlos Marichal, quien se convirtió en su esposo y padre de sus hijos. “¡Me molestaba tanto! ¡Me hacía la vida imposible!”, recordó la escritora cuando asistía a la clase de Marichal. “Discutíamos en el salón tanto que me tuve que dar de baja y no lo volví a ver”, destacó.

Cuando Lugo de Marichal ya trabajaba para WIPR como libretista y actriz un día se montó en la guagua para ir a almorzar. Carlos Marichal se subió en la próxima parada, se le sentó al lado y la miró a los ojos. Le preguntó, ¿Todavía tiene novio? La respuesta fue un . “Mi marido me contó que ese día decidió que se iba a casar conmigo. Y así fue, nos casamos a los siete meses. Para mí fue terrible dejar al novio porque le tenía mucho cariño y su familia me quería como otra hija, pero yo me había enamorado de otra persona y a mí no me gusta engañar a nadie”, explicó la actriz.

El amor intenso que vivieron como pareja no duró para siempre, pues Lugo de Marichal quedó viuda luego de 18 años de matrimonio. “Yo puedo decir que mi matrimonio fue de los mejores matrimonios que hubo en el mundo”, comentó acerca de su relativamente corta experiencia de amor.  Fue en este momento que la Universidad de Puerto Rico (UPR) se convirtió en la segunda casa de la actriz y escritora y la acogió como profesora en el momento más difícil de su vida.

Para Lugo de Marichal, al igual que para sus hijos, su esposo siempre está presente en su hogar. “Hay un libro que se llama La Poética del espacio que habla de que en los espacios hay algo que se queda de los seres vivos. Yo sé que eso es así, en esta casa es así”, explicó la profesora. “Siempre se habla de él como una persona que está en esta casa, no como una que está muerta. Se habla de él como una presencia. Él está aquí”, añadió.

La trayectoria de la multifacética puertorriqueña continúa y, de la misma forma, continúan acompañándola las cartas de amor. Quien antes recibía una carta de su esposo todas las noches del 31 de diciembre, ahora las recibe de sus hijos. “Cuando el murió, el 29 de diciembre yo sabía que no iba a tenerla (la carta), pero mis hijos me la hicieron. La carta decía: Hoy empezamos un año sin papi, pero será como si él siempre estuviera con nosotros. Y así ha sido”, concluyó Lugo de Marichal quien gozará por siempre de la compañía de su esposo e hijos, no importa el papel que le toque poner en escena en el teatro de la vida.

Flavia y Carlos.jpg
Flavia Lugo con su eterno novio, Carlos Marichal.
Cuadro por Carlos Marichal
Carlos Marichal pintó este cuadro de su esposa, Flavia Lugo.
Flavia Lugo de Marichal.png
Flavia Lugo de Marichal recibió a Puerto Rico Sabe en su hogar.

Puerto Rico Sabe agradece a Flavia Lugo de Marichal por su Donación de conocimiento. 

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